Boda civil en el Monasterio de Valbuena | Fran Ortiz

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Boda civil en el Monasterio de Valbuena: Andrea y Jesús

Hay una cosa que hacemos siempre que llegamos a una boda.Actuamos como si fuéramos marcianos que acaban de aterrizar en la Tierra y no tuvieran ni puta idea de cómo funciona una boda humana.

Suena absurdo. Lo sé.Pero es la mejor manera que tenemos de entender lo que está pasando.Miramos todo. 

El lugar, la gente, cómo entra la luz, las habitaciones donde os estáis preparando, los zapatos tirados por ahí, las flores, la decoración que lleváis meses preparando, una copa a medio terminar, los amigos que ya están liándola antes de tiempo...Porque una boda no empieza cuando llega la novia a la ceremonia.

Empieza mucho antes. Y nosotros tenemos una norma bastante sencilla:todo lo que tiene valor, tiene foto.

Así llegamos desde Granada a Valladolid para fotografiar la boda civil de Andrea y Jesús en el Castilla Termal Monasterio de Valbuena, rodeados de viñedos y con unas 200 personas dispuestas a demostrar que aquello iba a tener poco de boda tranquila.Pero antes tengo que contaros por qué acabamos nosotros allí.

Claustro preparado para una boda civil en el Monasterio de Valbuena, Valladolid

Cómo acabamos fotografiando una boda en Valladolid


Andrea y Jesús nos conocieron en otra boda.

Y esta es probablemente una de las formas más bonitas de que alguien llegue hasta nosotros, porque no habían visto solamente las fotos terminadas. **Nos habían visto trabajar.**

Vieron cómo tratábamos a los novios, cómo nos relacionábamos con los invitados y cómo intentábamos estar dentro de la boda sin convertirnos en los protagonistas de nada.

Porque para mí fotografiar una boda tiene mucho más que ver con las personas que con las cámaras.

Andrea y Jesús son divertidos, muy familiares y tienen una relación muy guay con su gente. De esas parejas en las que enseguida notas que los invitados no están allí simplemente porque tocaba invitarlos. Son parte de su vida.

Así que después de vernos trabajar decidieron hacer una cosa bastante razonable:

**llevarnos desde Granada hasta Valladolid para fotografiar su boda.**

Y claro.

¿Cómo coño íbamos a decirles que no?

Así acabamos en el Monasterio de Valbuena, con Andrea, Jesús y unas 200 personas por conocer.

Y ahora sí.

Vamos a ver cómo se casan estos humanos.


This is my lucky
novia preparativos en monasterio de valbuena
detalle del vestido de Andrea por
novio posando

Una carta antes de la ceremonia: pequeño detalle, buena hostia emocional

Andrea y Jesús hicieron algo antes de salir hacia la ceremonia que me parece un planazo: se escribieron una carta el uno al otro.

Puede parecer una tontería, pero pensad en ese momento. Lleváis toda la mañana con gente entrando y saliendo, preguntas, horarios, ropa, maquillaje, amigos, familia y alguien preguntando por quinta vez dónde coño están los anillos.

Y de repente paras.

Te sientas.

Y durante cinco minutos solo estáis vosotros dos, aunque todavía no os hayáis visto.

Andrea ya nos había avisado de que tenía preparado un detalle emocionante para Jesús. Sus palabras fueron más o menos: «que llore jajajajaja».

Objetivo cumplido.

Escribir una carta antes de casaros puede ser una manera preciosa de bajar un poco las revoluciones y recordar por qué estáis haciendo todo esto. No tiene que ser una carta perfecta, ni profunda, ni parecer escrita por Paulo Coelho después de tres vinos.

Puede ser vuestra.

Podéis contaros qué estáis sintiendo esa mañana, recordar alguna historia vuestra, escribir algo que nunca decís suficiente o simplemente dejar unas palabras para que el otro las lea justo antes de salir.

Porque dentro de veinte años esa carta seguirá existiendo.

Y las fotos de vuestra cara mientras la leíais, también.
Andrea leyendo una carta antes de su boda civil en el Monasterio de Valbuena
Jesús emocionado leyendo la carta de Andrea antes de la ceremonia

Una boda civil puede ser exactamente como vosotros queráis

Hay algo de las bodas civiles que me encanta: podéis hacerlas vuestras de verdad.

Andrea y Jesús se casaron en el propio Monasterio de Valbuena y tuvieron algo que, para mí, cambia completamente una ceremonia: el maestro de ceremonias era amigo suyo.

Y esto es un planazo.

Porque cuando quien está ahí arriba os conoce, conoce vuestras historias, sabe quiénes son las personas que están sentadas delante y, encima, es divertido y sabe hablar en público, la ceremonia deja de parecer una ceremonia que podría pertenecerle a cualquiera.

Empieza a hablar de vosotros.

En su boda hubo lecturas de personas importantes para ellos, intercambio de anillos y la alcaldesa del pueblo fue quien los casó oficialmente allí mismo.

Pero también hubo sitio para hacer el idiota.

En un momento Jesús decidió que ya era hora de besar a Andrea. El pequeño problema es que todavía no era hora de besar a Andrea.

Así que su amigo, ejerciendo sus funciones con una profesionalidad absolutamente impecable, puso la mano entre los dos y abortó la operación.

Y claro, nosotros estábamos allí.

Porque esas cosas no se preparan.

Pasan.

Y para mí ahí está buena parte de la gracia de fotografiar una boda.
Si puedes bajar del brazo de tu padre en tu boda hazlo
padre e hija en direccion a la boda
Novio esperando en el altar se emociona
Ceremonia civil de Andrea y Jesús en el Monasterio de Valbuena, Valladolid
vestido-novia-capa-From-lista-with-love
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Queremos fotos bonitas, pero no queremos perdernos el cóctel

Andrea y Jesús nos dijeron una cosa que escuchamos muchísimo:

Queremos unas fotos juntos, pero no queremos perdernos nuestra boda.

Perfecto.

Nosotros tampoco.

Después de la ceremonia nos fuimos con ellos a los viñedos del propio Monasterio de Valbuena.

¿Cuánto duró la sesión de pareja?

Quince minutos.

Ya está.

No necesito una hora.

Ni dos localizaciones.

Ni cambiaros de ropa.

Ni secuestraros mientras vuestros 200 invitados se están bebiendo vuestro cóctel.

De hecho, esos quince minutos tienen para mí otra función que me parece todavía más importante que hacer fotografías.

Probablemente sea el único momento de todo el día en el que vais a estar juntos y prácticamente solos.

Pensadlo.

Desde que os levantáis hay gente alrededor.

Familia.

Amigos.

Profesionales.

Invitados.

Y de repente os acabáis de casar y tenéis quince minutos para caminar, miraros y decir:

«Hostia. Que nos hemos casado.»

Yo lo llamo un poquito de terapia.

Y mientras vosotros estáis ahí, nosotros hacemos fotografías.

Sin convertirlo en una producción.

Sin colocaros durante media hora.

Sin pediros que interpretéis una película romántica francesa.

Porque no es mi sesión de fotos. Es vuestra boda.

Quince minutos.

Y al cóctel.

¿Cuánto debería durar la sesión de pareja en una boda civil?

No existe una duración obligatoria.

Pero si vuestra prioridad es disfrutar con vuestros invitados, mi recomendación es muy sencilla:

no hagáis más fotografías de las que necesitáis.

Un buen lugar, buena luz, vosotros dos y un fotógrafo que sepa qué está haciendo pueden ser suficientes.
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Hay una fotografía que Andrea y Jesús sí tenían clara: una foto con sus familias tenía que existir.

Perfecto.

La hacemos.

Las fotografías importantes hay que hacerlas.

Pero después preferimos trabajar de una manera bastante más orgánica.

En lugar de dedicar una eternidad a:

«Ahora los primos.»

«Ahora los amigos de la universidad.»

«Ahora los compañeros de trabajo.»

«Ahora los primos pero sin el primo que estaba antes.»

Preferimos estar con vosotros durante el cóctel y fotografiar los grupos conforme aparecen.

Porque vuestra relación con vuestros invitados era precisamente una de las cosas más bonitas de esta boda.

¿Por qué iba a sacaros de ahí?
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Una cena de noche en el claustro del Monasterio de Valbuena

Y entonces llegó la noche.

El claustro.

Las velas.

La cena al aire libre.

Aquí volvemos a lo de ser marcianos.

Porque una boda no solamente son los novios.

Es también cómo se sentía estar allí.

La arquitectura del monasterio.

Las mesas.

Las velas encendidas.

La gente cenando bajo los arcos.

Los pequeños detalles que dentro de unos años quizá Andrea y Jesús hayan olvidado completamente.

Por eso fotografiamos también los lugares.

Los objetos.

Los espacios vacíos.

Las cosas aparentemente pequeñas.

Porque dentro de veinte años una fotografía del claustro puede hacer que recuerdes incluso cómo olía aquella noche.

Y eso es exactamente para lo que sirven las fotografías.
monasterio de valbuena por la noche
cumplir años en tu propia boda es la caña

Y a medianoche Andrea cumplió años

Porque casarse no era suficiente.

Andrea decidió además cumplir años el mismo día.

Tengo una reputación que destrozar, pero hasta yo reconozco que esto es optimizar bien el calendario.

A medianoche apareció una tarta sorpresa.

Y también hubo un regalo de los novios metido en un bloque de hormigón.

Sí.

Hormigón.

Después de un monasterio del siglo XII, una ceremonia civil, 200 invitados, viñedos, cartas, claustro, velas y cumpleaños, evidentemente lo que necesitaba esta historia era albañilería.

Y por eso me gustan las bodas.

Porque puedes intentar planificarlas todo lo que quieras.

Luego llegan los humanos.
bloque de hormigon como regalo de boda

La fiesta: cuando ya nadie se acuerda del fotógrafo

Y entonces llega la fiesta.

Ese momento de la boda en el que se aflojan las corbatas, aparecen accesorios que nadie sabe quién ha comprado y la dignidad empieza a cotizar a la baja.

Aquí intento intervenir todavía menos. Me gusta meterme entre la gente, estar cerca y dejar que pasen cosas. Porque las mejores fotos de fiesta de una boda no son las que se preparan: son las que ocurren cuando los invitados se olvidan de la cámara.

Bailes, abrazos, amigos por los suelos, los novios volando por encima de la pista y ese tipo de fotografías que quizá hoy hacen gracia, pero dentro de unos años van a ser un recuerdo brutal de cómo se vivió realmente la boda.

Para mí, eso también es fotografía documental de boda: no fotografiar cómo debería haber sido la fiesta, sino cómo fue.

Y aquí fue bastante fácil.

Porque se les fue de las manos.

Como debe ser.
Un niño tumbado en la pista de baile mientras los invitados disfrutan de la fiesta de la boda.
Andrea y Jesús celebrando a hombros de sus amigos durante la fiesta de su boda en el Monasterio de Valbuena.
Amigos de Andrea y Jesús divirtiéndose en la pista de baile durante la fiesta de la boda.
Invitado con sombrero y máscara durante uno de los momentos más divertidos de la fiesta
Invitados bailando entre luces y movimiento durante la fiesta de la boda de Andrea y Jesús.

Y al final, de eso va todo esto

De que pase.

De estar allí sin convertir vuestra boda en una sesión de fotos. De dejaros vivirla, estar atentos y guardar todas esas pequeñas cosas que mientras están ocurriendo ni siquiera sabéis que están ocurriendo.

Las miradas de vuestros padres.
Vuestros amigos haciendo el imbécil.
Un abrazo que dura dos segundos.
Alguien llorando donde nadie estaba mirando.
Y probablemente algún ser humano adulto tomando decisiones cuestionables cuando empieza la fiesta.

Yo no quiero que dentro de unos años miréis vuestras fotos y penséis qué bonitas eran.

Quiero que las miréis y os acordéis de cómo se sentía estar allí.

Porque la boda dura un día.

Las fotografías, por suerte, se quedan bastante más.

Si estáis preparando vuestra boda y buscáis un fotógrafo que os acompañe sin convertiros el día en un catálogo de posturas, podéis contarme qué tenéis entre manos.

Nos conocemos, hablamos de vuestra boda y vemos si hay feeling.

Y si no lo hay, tampoco pasa nada.

Aunque tengo una reputación que destrozar.
Fran Ortiz Retratista - vestido-novia-capa-ceremonia-monasterio-valbuena.jpg
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